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viernes, 2 de mayo de 2014

Testimonio Hermana Olaya que abandonó el mundo del modelaje y el cine


(ACI/EWTN Noticias).- Hace cuatro años, un 1 de mayo, la española Olalla Oliveros abandonó el mundo del modelaje, el cine y la televisión para seguir el camino de la vida religiosa en un convento de semi-clausura.

“El Señor no se equivoca. Él me hizo casting y no pude decir que no”, dijo Olalla, en un testimonio dado a su comunidad y que se puede encontrar en YouTube.

Olalla del Sí de María es su nombre ahora, a los 36 años, tras haberle dado la espalda a una promisoria carrera en los medios de comunicación para ingresar a la Orden y Mandato de San Miguel Arcángel, asociación católica con dos sedes en España.

Antes de ingresar a la asociación religiosa a la que ahora pertenece, Olalla protagonizó anuncios publicitarios para marcas muy conocidas, y tuvo roles secundarios en series populares, pero sentía que “me cogían para papeles muy frívolos, muy vanidosos, de chica frívola. Y yo me decía, ¿cuándo me darán un papel de monja?, porque sentía en mi interior que de monja lo haría muy bien”.

"Al llegar a Vigo -su localidad natal- mis amigas me decían ´oye, que fui a tal tienda y te vi en un catálogo´; ´oye, que te vi en un anuncio´. Eso momentáneamente te llena. Ves admiración, te reconocen (...) Pero a solas con el Señor no te puedes esconder. Y no era feliz".

Su representante, Mirella Melero, confesó al diario español que se quedó sorprendida por el “plan B” por el que optó Olalla, pues incluso “tenía un trabajo confirmado” cuando tomó la decisión.

“Le habían dado un papel importante en una serie junto a nombres reconocidos de la interpretación. Estaba recogiendo los frutos de un gran trabajo", dijo.

Melero señaló que "fue una decisión personal y la respeto. No soy religiosa ni creo en la Iglesia Católica, pero Olalla me explicó sus motivos y yo me creo su vocación".

Tras pasar tres días en Fátima (Portugal), donde se apareció la Virgen María, y volver a Madrid (España), donde trabajaba ya por cerca de diez años, Olalla sintió que las preguntas le colmaban la cabeza.

“¿Qué es lo que me da esta fuerza? ¿Qué es lo que me da esta paz?, me preguntaba (...) Dios me fue dando la fuerza, las luces (...) No me quitaba una monja de la cabeza. Me reía. Decía, ¡oh Señor, ¿cómo puede ser que me estés pidiendo esto?! Y venga reír y venga a llorar. Así me pasé todo el camino en autobús, de noche".

Olalla recordó que “fui a Misa, me confesé, hablé con el sacerdote. Y cuando intentaba hablar con Jesús no conseguí hablar con Él, porque me daba la risa”.

“Era tanta la alegría que lo único que hacía era reírme, porque estaba entendiendo que era feliz, que el Señor me pedía eso".


A Olalla nunca se le había ocurrido tener vocación religiosa, pues “soñaba con ser actriz. De hecho, me iban las cosas muy bien (...) Ese gozo y esa felicidad no la da ni un vaquero, ni un novio, ni un ´qué guapa estás´, ni un tacón alto"

viernes, 4 de abril de 2014

La bruja más famosa de Colombia, la exorcizaron y hoy es apóstol del Rosario

(ACI/EWTN Noticias).- Durante dos décadas fue la bruja más famosa de Colombia. Políticos, artistas y narcotraficantes solicitaban sus servicios, hasta que un día se encontró con una religiosa, recibió un exorcismo y abrazó la fe católica que ahora proclama.
La que la ex bruja -cuya identidad mantiene en reserva- relató los peligros de la brujería, narró con detalles su exorcismo y su sorprendente conversión.
“La gente piensa que no hay nada malo en que le adivinen la suerte”, advierte y asegura que así permiten que el mal entre en ellos.
Ahora es madre de familia, lidera un grupo de oración, viaja por el país advirtiendo de la brujería y promueve la causa pro-vida ayudando a muchas jóvenes a desistir del aborto. Sus principales armas son la oración del Santo Rosario y la Misa diaria.
Su vida cambió cuando conoció a una religiosa de nombre Alicia. “Tenía una faldita azul oscura y una blusita gris. No sabía quién era. Fue en una iglesia. Yo era dizque católica, iba a misa –pero a misas cortas, porque las largas me daban sueño– pero hacía brujería. Lo único que hice fue cogerla, abrazarla y decirle: ‘Hermana, sálveme, yo hago brujería’. Empezó a orar y me invitó a su convento”.
Recordó que la religiosa “me pidió que rezar el rosario para que Dios nos dejara ver cosas al día siguiente. Estoy segura de que esa noche los cuadros de la casa se cambiaron de lugar. Le dije a mi marido: ‘Ve, los cuadros se están cambiando. Y me dijo: ‘Claro, son los brujos que vinieron por vos’. La noche la pasé muy intranquila”, expresó.
Luego “cuando nos vimos, la madre oró y yo boté gusanos chiquitos por la boca. Eso me aterró. Era una mujer exitosa, amiga de políticos. Creía tener el mundo a mis pies pero me faltaba lo más importante: Dios. La madre me llevó a donde un monseñor. Hice una confesión de toda mi vida, pero cuando llegué a la casa me llamaron a que hiciera un trabajito y dije: ¿Cuál es la bobada mía de irme a rezar en vez de ganar plata? Volví a caer”.
La mujer empezó nuevamente a practicar la brujería y visitaba también a otros brujos, hasta que en una oportunidad “me empieza a picar el cuerpo, como si me clavaran alfileres; empiezo a sentir desasosiego, a no poder dormir. Busqué a un psiquiatra para ver si estaba loca”.
Además empezó a perder peso y se enteró que “me habían hecho un maleficio. No era capaz de tragar y casi ni de hablar. Escuchaba una voz que decía: ‘Mátate’”.
“La madre Alicia y monseñor me hacían oraciones de liberación, hasta que un sacerdote me hizo un exorcismo. Fui con mi marido y con varias personas, entre ellas una amiga mía que era más bruja que yo y que de un momento a otro levantó el comedor con una sola mano, que era pesadísimo, lo elevó y se lo lanzó al sacerdote y lo tumbó. Y de la boca de ella salía puro humo. A otra amiga se le chamuscó el pelo. En el exorcismo vuelvo a vomitar gusanos, cae tierra del techo y escupo alfileres. Sí, alfileres”, describió.
“El sacerdote oraba. Yo empecé a botar esas cosas cuando escuché una voz que decía que matara al cura, que era muy alto y robusto, y no sé qué fuerza tuve y le tiré a la garganta y le clavé las uñas; él siguió orando, me puso la hostia consagrada, caigo al suelo, le pido perdón, le digo que ese ataque no había salido de mí y nos postramos ante el Santísimo. Desde ese momento quedo liberada del maligno y puedo retomar mi vida de la mano de Dios”.
La mujer está convencida que “cuando le entregas todo a Cristo y le pides que haga lo que quiera contigo, ríete: el Señor es maravilloso, misericordioso. Yo me la paso pecando, pero Dios le va quitando a uno todo, hasta que lo pule”.
Cuando una persona practica la brujería así sea por curiosidad “abrimos nuestro cuerpo y nuestro corazón para que entren espíritus del mal. Y aclaro: como existe Dios, existen la brujería y el poder del maligno”, asegura.
Ahora recomienda que “quienes se han metido en estas cosas, acudan a un sacerdote que los oriente y les haga una oración de liberación, o hagan una confesión de todo corazón para que los perdonen de ese atentado contra la fe de Dios. Si el caso es muy grave, tal vez requiera exorcismo. Pero debe ser con un sacerdote autorizado, no con cualquiera”.

En su nueva vida, la mujer está segura que “para caminar hacia Dios hay que enseñarles a los otros a elegir el camino. Mis charlas parten de una vivencia y lo único que busco es que la gente no caiga en el error en que yo caí y que no cambien al único Dios que existe por una cantidad de dioses que pululan”.